dilluns, 30 de març del 2026

 

EL ÚLTIMO SOL


Huele a sal y las olas rompen contra la orilla. Hoy hace buen tiempo. Sí, definitivamente, hoy hace muy buen tiempo. Quiero bañarme. Y luego salir a correr por la playa con Hugo. Como te quiero, Hugo. Eres el mejor.


  • ¡Vicky! - oigo como me llama. - ¿Vamos a bañarnos?


Sonrío y corro hacia el mar. Bueno, más o menos. Me fallan las piernas y me caigo a medio camino. Empiezo a reírme. Hugo se acerca preocupado y me ayuda a levantarme. Y, ahora sí, vamos ambos corriendo hacia la orilla.

Antes de mojarme, acerco mi nariz al agua y absorbo ese aroma a mar que tanto me encanta. Me siento feliz. Un poco dolorida de la caída, pero feliz al fin y al cabo. Levanto la cabeza y cierro los ojos, un poco cegada por la intensidad de la puesta de sol. Da igual que sea primavera, hoy hace un día espectacular para bañarse. Como cada día del año, ¿no?


  • ¡Vicky! ¡Que vengo a por ti!


Entonces, sus fuertes brazos me agarran de la cintura y me ayudan a meterme en el mar, lentamente. Que dulce es. Incluso en mi estado de debilidad me sigue queriendo como el primer día que nos conocimos. ¡Es que no puedo quererlo más!


Me sujeta dulcemente debajo de mi cintura y mi pecho, y me acompaña mientras yo chapoteo felizmente en el agua. “Es el mejor día de mi vida” pienso mientras sonrío. Esta puesta de sol hace que nuestro momento sea aún más bonito y espectacular, digno de una fotografía para enmarcar.


Me siento mejor que nunca. Aunque mis piernas fallen cada día más, hoy es, sin duda, el mejor día de mi vida. Bueno, miento. Cada día con Hugo es el mejor día de mi vida.


Salimos del mar cuando Hugo empieza a tiritar de frío. Yo no siento que esté tan fría el agua, pero él siempre ha sido más friolero que yo. Me vuelve a agarrar y a subir en sus brazos mientras me lleva hacia la toalla.

Entonces le beso por toda la cara, feliz de haber pasado este momento tan bonito y espectacular con él. Ojalá pudiera hacer fotos. Desde luego, miis manos no están hechas para coger objetos tan delicados. Pienso que es un gran día para fotografiar. Además, verle sonreír es de las cosas más bonitas que he visto nunca. Y eso también merece ser fotografiado y enmarcado.


Y entonces saca de la mochila una cámara Reflex, dispuesto a inmortalizar el mejor día de mi vida. No puedo estar más feliz.


  • Túmbate, te voy a sacar la mejor foto que has visto jamás - dice sonriendo.


Haciéndole caso, me tumbo en la toalla boca arriba y sonrío sacando la lengua. Entonces, él empieza su sesión de fotos.

Me hace tan feliz que haya pensado en inmortalizar este día… “Te quiero tanto, Hugo. Me hace tan feliz que hayas decidido pasar conmigo este día. ¡Y el anterior y el de mañana, claro!”


Me ayuda a secarme y entonces llegan sus lágrimas.


  • Lo siento, Vicky… Lo siento muchísimo… - Dice mientras rompe a llorar desconsoladamente.


Le abrazo y dejo que llore en mi hombro todo lo que necesite. Le doy esos besitos en la cara que tan feliz le hacen, pero, en vez de dejar de llorar, sigue y cada vez con más fuerza. No lo entiendo. ¿Qué le pasa?


  • Vicky… - consigue decir con un hilo de voz. - Lo siento mucho porque… Este va a ser tu último baño en el mar. Tu doctora ha encontrado que tienes una enfermedad muy mala y… y… y no hay solución alguna. Lo hemos intentado todo, de verdad. Lo siento tanto Vicky… - desconsolado, Hugo me abraza con más fuerza. - Mañana por la mañana, te dormirás en casa y ya no volveremos a vernos… Lo siento mucho…


No entiendo nada de lo que me dice. Le doy besos en la cara, como a él tanto le gustan. Entonces se separa de mí, me acaricia la cabeza y me hace sonreír con su mirada, aunque ésta esté ahogada en lágrimas que no han llegado a caer. Estoy feliz de poder pasar el mejor día de mi vida con él.


  • Te quiero, Vicky. Eres la mejor compañera de vida que jamás nadie ha podido desear. - Y entonces veo su sonrisa y se me derrite el corazón. - Buena chica. - Me acaricia de nuevo la cabeza, justo entre mis orejas caídas, y decido saltarle encima a darle besos. - Buena chica, buena chica. Eres la mejor perrita que jamás nadie podría desear. - Me aparto unos centímetros y me tumbo en su regazo. Vemos como cada vez la puesta de sol desaparece más en el horizonte marítimo. - Gracias por estos veinte años acompañándome. Te quiero, Vicky - dice mientras vemos desaparecer el sol.


“¡Yo también te quiero, Hugo!”


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